Hablar dos idiomas nacionales debe ser una necesidad

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ATENCIÓN. La necesidad de que un funcionario pueda atender a las personas que hablan lenguas nativas es una motivación

Por Correo del Sur.

Luego de ocho meses de haberse cumplido el plazo máximo para que funcionarios públicos aprendan un idioma nativo, hoy en día, en medio de un encendido debate sobre el tema, esa disposición se cumple a medias –por decir lo menos– y en pocos espacios se la entiende como el resultado del reconocimiento de idiomas oficiales del Estado y de una importante necesidad de interactuar con los demás.

Desde la vigencia de la nueva Constitución Política del Estado en 2009, donde se parte del reconocimiento de 36 lenguas oficiales, se marcó en el país una línea que aún hoy no está muy clara sobre cuál el sentido de hablar una lengua nativa y si basta acreditar esa cualidad con un certificado o no.

“El Gobierno plurinacional y los gobiernos departamentales deben utilizar al menos dos idiomas oficiales. Uno de ellos debe ser el castellano, y el otro se decidirá tomando en cuenta el uso, la conveniencia, las circunstancias, las necesidades y preferencias de la población en su totalidad o del territorio en cuestión. Los demás gobiernos autónomos deben utilizar los idiomas propios de su territorio, y uno de ellos debe ser el castellano”, dicta el parágrafo II del artículo 6 de la Carta Magna que también dispuso que la exigencia para funcionarios públicos sea aplicada de manera progresiva.

El plazo fatal finalmente se venció el 2 de agosto del año pasado y ¿cuál es la realidad? Sólo en la Gobernación de Chuquisaca, la máxima autoridad ejecutiva, Esteban Urquizu, reconoció que sólo el 50% de sus funcionarios aprendieron quechua, la lengua que corresponde de acuerdo con la región aplicando el principio de territorialidad, junto al guaraní.

En la Alcaldía, según datos de Recursos Humanos, el 70% de los funcionarios acreditó saber quechua, sin embargo, no se sabe si ese porcentaje lo maneja de manera fluida en el día a día. “Vemos que se generen cursos (esta gestión) para perfeccionar y aprender quechua porque es algo vital para el área rural, los distritos 6, 7 y 8; y la periferia donde se habla mucho el quechua”, comentó el secretario General de la Alcaldía, Enrique Leaño, quien considera que para los funcionarios que interactúan de manera cercana a la población, no saber esa lengua es sin duda una barrera.

En el caso de la Asamblea Legislativa Departamental se aseguró que al menos el 80% de los funcionarios, algo más de una treintena, conoce el quechua, empero, una gran parte no cuenta con certificado que lo avale, es así que hace dos semanas comenzaron un curso de quechua en convenio con la Universidad San Francisco Xavier a través de sus convenios con sus cursos de extensión, donde participan 28 funcionarios.

Si bien varias instituciones promovieron convenios para cursos de quechua básico,  como el Tribunal Supremo de Justicia que de acuerdo con el magistrado Antonio Campero, no cuentan con una política interna para obligar a que sus funcionarios aprendan dos idiomas de “manera cabal” como él mismo reconoce.

“Sí hemos hecho cursos, yo también hice en Tarija de guaraní, y tratamos de aprender algo, pero con eso no podemos decir que somos bilingües o políglotas y creo que es bastante complicado en nuestra realidad, entonces entendemos  que el castellano al final es el idioma con el podemos comunicarnos todos los bolivianos”, respondió ante la consulta de este diario.

“La verdad, para ser honestos, podemos pasar clases y tener certificado de una institución, pero decir que podemos salir hablando otro idioma… hay su distancia”, explicó en una declaración que parece ser la más clara respecto a la realidad del manejo de un idioma nativo por los funcionarios públicos y que refleja lo que sucede también en el Tribunal Departamental de Justicia, donde no se exige la acreditación, aunque algunos trabajadores conozcan la lengua.

En síntesis, no se garantiza el cumplimiento cabal del requisito cuya vulneración, según el mismo presidente Evo Morales, podía ser causal de despido, aunque luego subalternos aclararon que no se romperían relaciones laborales, pero sí se exigiría que acrediten el tema.

De acuerdo con el Instituto de Lengua y Cultura de la Nación Quechua, son los jefes de recursos humanos de cada institución pública los que están obligados a controlar que los funcionarios acrediten su conocimiento y manejo de quechua, comenta la técnico de la subsede en Chuquisaca, Graciela Isnado.

APRENDER QUECHUA ¿SÓLO OBLIGACIÓN?
Conocer el quechua no debería ser sólo una obligación sino el resultado de entender que es una lengua oficial del Estado, comentó la dependiente del instituto, donde se ofrecen cursos pero principalmente se intenta promover su uso desde que reciben a las personas en sus oficinas a quienes saludan en quechua y les preguntan si sabe o no la lengua para hablar así o en su defecto hacerlo en castellano.

En el caso de los cursos de extensión de la Universidad San Francisco Xavier la reflexión es similar, ya que aprender otro idioma implica reaprender a escuchar y a pronunciar, especialmente en el caso del quechua que es un tipo de lengua distinto, explica la directora de la Carrera de Idiomas, Norma Márquez.

La profesional del área distingue que mientras el español es un tipo de idioma aislante el quechua es aglutinante, razón por la cual su construcción es distinta y su comprensión también.

“Con el decreto sobre el carácter obligatorio del idioma quechua en funcionarios públicos hemos dado varios cursos corporativos para instituciones que tienen que ver con el contacto de la realidad lingüística del público al que sirven. A partir del 2006 y 2007 ya damos este servicio a instituciones a pedido de ellas mismas”, comenta.

Sus cursos son reconocidos por las autoridades de la Universidad, por lo que su aval radica en el amparo de la casa de estudios superiores, una situación que se da en las distintas universidades del sistema público del país.

De acuerdo con Márquez, la formación, aunque sólo para nivel básico, debe ser continua y la certificación debe demostrar que el funcionario adquirió conocimientos y no sólo que fue a clases.

Además de los convenios con instituciones, los cursos de extensión ofertan cursos de quechua para sábados, cursos nocturnos y de haber demanda suficiente habilitarse horarios de 7:00 a 9:00.

¿CERTIFICADOS EN VENTA?
Tras la exigencia de saber quechua en instancias públicas aumentó la oferta de cursos de quechua, pero también las denuncias de que se lucra con la venta de certificados.

“No sé si están certificados por el Ministerio de Educación, tenía información de que institutos estaban chaucheando certificados certificando que hablan dos idiomas porque han pedido en la Gobernación y las instituciones descentralizadas del Estado”, cuestionó la senadora Nélida Sifuentes, a quien, según refiere, un familiar que habla fluido el quechua necesitaba su certificado y en su búsqueda vio una institución en Sucre donde se extienden certificados al emitir apenas unas frases básicas.

“’¿Qué te llamas?’ y suficiente te daban el certificado y costaba unos 250 bolivianos o 300 por persona y había fila como de 50 personas todo el tiempo me dijo. Entonces ¿realmente esa gente está de calidad certificada? Nos están mamando”, reprochó la legisladora.

En una visita de un periodista de CORREO DEL SUR que averiguó sobre cursos de quechua se encontró con una oferta de un instituto en ambientes del Hogar Mercedes donde al consultar sólo se le dijo que debía pagar Bs 225 y el sábado de esa semana le entregarían el certificado, seguido de un simple “sabes quechua verdad”.

Tras las consultas del periodista que acudió como interesado le dijeron que ese día se daba una clase por la mañana y que le harían una prueba en un diálogo, cuando consultó si también había prueba escrita un dubitativo “eh sí” fue la respuesta del funcionario que aseguró que el certificado goza de aval ministerial.

El certificado se entrega esa misma jornada apenas terminadas las pruebas con docentes de La Paz. Al final, al decirle que fue difícil ubicar el lugar porque atiende dentro del Hogar, agrega que Bs 25 del pago se destina al asilo de ancianos.

De acuerdo con lo informado por un funcionario del Hogar Mercedes, el instituto que trabaja ahí es de La Paz y sólo se presta los ambientes del centro para realizar el curso intensivo y las inscripciones. Asimismo, corroboró que el hogar recibe Bs 25 de cada inscripción como una especie de retribución, pero indicó que el instituto es independiente a la administración del asilo.

Para la Directora de la Carrera de Idiomas, llama la atención aquellos cursos que ofrecen sólo un día de clase y con ello la entrega de certificados porque no se aprende un idioma de esa manera.

El Instituto de Lengua y Cultura de la Nación Quechua identificó el año pasado un total de 24 institutos que trabajan de manera irregular en Sucre ofreciendo cursos de quechua sin convenio con esa instancia que, según explican, es la única habilitada para avalar el conocimiento de una lengua nativa, en este caso del quechua, por lo que las instituciones que si bien otorgan cursos desde hace años y contaban con resoluciones ministeriales deben regularizar su situación legal.

De acuerdo con el instituto de aún corta vida, sólo dos instancias en Sucre, a la fecha normaron sus convenios, la universidad privada Domingo Savio e ITEC, de las cuales homologan sus certificados a Bs 30.

Los que se formaron en otros institutos o conocen el idioma desde el hogar y necesitan el certificado pueden acceder a la evaluación directa para avalar que conocen el quechua de manera oral y escrita o sólo en una de esas áreas. Para la prueba directa se debe pagar Bs 50.

El Instituto de Lengua y Cultura de la Nación Quechua comenzó recién en 2015 a otorgar cursos de quechua básico, por lo que este año abrirá la opción del curso básico y del intermedio para que la primera promoción que tuvieron de unos 700 alumnos, puedan continuar sus estudios.

En el lugar además se accede de manera gratuita, cubriendo únicamente el costo del quemado del CD, a material para aprender quechua como manuales, diccionarios y otros elementos digitalizados.

Las funcionarias, encargadas de promover el uso del quechua, reiteraron que lo que buscan es que las personas se interesen en aprender la lengua porque ven que es necesaria para su vida y no sólo por la obligación de tener un documento más.

SU COMENTARIO

El idioma que destruimos
Mamerto Torres
PROFESOR

Entender, saber y hablar quechua sin duda abre muchas puertas y los que lo conocen y estudian afirma que es una lengua diplomática y dulce por naturaleza pero ¿hoy en día se la usa adecuadamente? –No– es la respuesta contundente del profesor Mamerto Torres, reconocido por su trabajo relacionado a la cultura y el quechua en particular, quien advierte un eminente atentado contra la lengua.

Cambiar los significados de las palabras e intentar hablar con palabras sueltas es el error que se comete frecuentemente en la actualidad y que atenta contra el quechua que tiene como parte de “su secreto” al igual que el aimara, en su semántica y sintaxis, explica el profesor.

Según él, no se utiliza debidamente el quechua, un idioma que considera no sólo diplomático, sino dulce y afectivo. Como ejemplo citó el hecho de que la señalética en el aeropuerto Alcantarí usaría un denominativo inadecuado para los excusados nombrándolos “akanawasikuna” (casa para defecar) cuando corresponderían términos como khuchichanakunapaq.

“Viene gente improvisada que cree que el quechua es cualquier cosa cuando hay que manejarlo con responsabilidad y usarlo bien (…) el quechua se nos muere porque no lo manejamos con responsabilidad, nosotros mismos estamos constituyéndonos en asesinos de nuestra cultura, en depredadores de nuestra lengua”, reflexionó.

El profesor indicó que la mejor manera de aprender el quechua es entiendo que no es una imposición sino que es una necesidad y parte del reconocimiento de la identidad del boliviano, para ello, afirmó que la mejor escuela es el hogar, el mercado, las calles y las canciones del pueblo.

“Creo que la premisa es que –sin que nadie nos obligue– nosotros sintamos la necesidad de hablar esto y con esto estaremos aprendiendo a ser bolivianos”, concluyó luego de comentar una anécdota que vivió en el exterior donde fue cuestionado sobre el aimara y él dijo que no lo conocía al ser de la parte sur de Bolivia, “me dijeron ‘qué pena’, por poco no me dijeron qué vergüenza que ignores la lengua aimara que es también la lengua oficial de tu país”, contó.

Sin embargo, Torres considera que hasta ahora desde el Gobierno “no se ha encarado en la forma seria que debiera hacerse la enseñanza o el aprendizaje de la lengua”, ya que al intentar imponerlo motivan una resistencia psicológica de la población y a que personas “en su desesperación” se dan a la labor “pecaminosa y hasta delictiva de recabar certificados” y venderlos.

¿Calificado?
Nélida Sifuentes
SENADORA

“’’¿Qué te llamas?’ y suficiente te daban el certificado y costaba unos 250 bolivianos o 300 por persona. Entonces ¿realmente esa gente está de calidad certificada?”

¿Otro idioma?
Antonio Campero
MAGISTRADO

La verdad, para ser honestos, podemos pasar clases y tener certificado de una institución, pero decir que podemos salir hablando otro idioma… hay su distancia”.

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Acerca de Nélida Sifuentes
Dirigenta sindical, política (MAS-IPSP), senadora del Estado Plurinacional de Bolivia (2010-2014 y 2015-2020).

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